¿Qué importancia tienen los objetos para las personas mayores?

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A veces hablamos de lo material con desdén y aseverando que lo importante son las personas, la relación con éstas, nosotros mismos, nuestros sentimientos, la salud. No cabe duda que esto es cierto, pero no hay duda tampoco que nuestras pequeñas posesiones albergan recuerdos, sentimientos y una historia de vida. ¿Hasta que punto son importantes? ¿Hasta que punto lo son cuando somos mayores? ¿Qué valor les otorgamos? ¿Cómo nos afecta su pérdida?

Resulta especialmente difícil escribir este post, ya que es muy escasa la bibliografía y los estudios (diría que casi ninguno) en psicología que han abordado el tema. Sin embargo, mi experiencia profesional con los mayores me dice (es intuición) que debería estudiarse este apego a los objetos: saber en qué se basa, cuál es el significado real de los objetos y qué consecuencias puede tener su pérdida. Todos somos conscientes que llegado ciertos momentos (ingreso en una residencia o un hospital, el traslado a casa de un hijo o simplemente por su extravío) tomamos decisiones que alejan a nuestros mayores de su entorno y, por tanto, de sus objetos.

Veamos… En un primer momento estaríamos hablando del apego a algo físico en contraposición al apego hacia otra persona. No obstante entre ambos tipos de apego se dan algunas similitudes:

  • Aparecen como una tendencia natural del ser humano a establecer vínculos afectivos.
  • Se manifiestan a través de una conducta de proximidad. Nos gusta estar cerca de ellos.
  • Se dan a lo largo de todo el ciclo vital.
  • Cumplen, en ambos casos, una serie de funciones simbólicas (pertenencia, identidad, relación, etc.)
  • En ambos se da la especificidadEste es el mío y no quiero otro«)
  • En ambos intervienen las emociones (serenidad, añoranza, amor, etc.).

Pero ¿Qué funciones cumplen los objetos? ¿Para qué los queremos? Aunque la pregunta, a simple vista, parezca sencilla son múltiples y complejas las funciones que las «cosas» pueden desempeñar.

  • Su función utilitaria (uso) es probablemente la más evidente. Es la dimensión de herramienta que tienen todos los objetos. Pero muchas herramientas se convierten en algo inherente al propio trabajo (el bisturí para el médico, el cuchillo para el carnicero, el coche para el taxista, la pelota para el futbolista, etc.) por lo que no pueden considerarse sólo como meros medios. Son a la vez instrumento e identidad.
  • Como reflejo de estatus y dominio social. Hay objetos que pueden no tener un uso real pero que reflejan poder como los bastones de mando de los alcaldes, la corona de un rey, o más cercano, el mazo de un juez.
  • Como fuente de afecto que ayudan a satisfacer ciertas necesidades emocionales , a superar la ansiedad de la separación o la pérdida o que nos sirven de consuelo y compañía ante la añoranza o la soledad (fotos, libros, reloj o regalos realizados por personas queridas).
  • Objetos de dominio y control de uno mismo y del mundo que proporcionan al sujeto la sensación de control sobre su entrono (amuletos, objetos religiosos).
  • Objetos de identidad personal y que definen el yo. Algunos objetos, por su reiterada relación con la persona, pueden dar una idea del propio sujeto. Son parte del ella y, por tanto, pueden ayudar a recordar distintos aspectos o facetas. Permiten reconocer a la persona a través del objeto (por ejemplo: el bastón de Antonio Gala, las gafas de John Lennon). Estos objetos funcionan en las personas mayores como reforzadores, evitando en algunas ocasiones la desorientación personal.
  • Objetos como elementos del pasado. Los objetos, sobre todo en la edad adulta y en la vejez, funcionan como punto de apoyo que permite al sujeto decir «yo soy quien he sido siempre». A través de este tipo objetos el sujeto puede percibir su continuidad a lo largo del tiempo. Podemos decir que los objetos funcionan a modo de «fotografías del pasado» que generan recuerdos, sentimientos, etc., o incluso, pueden servir también de unión con personas ya desaparecidas.
  • Objetos como elementos del futuro. Este significado comprende dos aspectos: a veces las metas u objetivos que se marca una persona se encarnan en determinadas posesiones. El mejor ejemplo son los anillos de boda que simbolizan la relación afectiva entre dos persona y el proyecto de futuro iniciado. El segundo aspecto se refiere a las posesiones cuya finalidad es lograr de algún modo la supervivencia después de la muerte (por ejemplo: el testamento, cartas, fotos, cuadros, etc.).

Las personas mayores viven apegadas a algún objeto pero ¿Cuales son las causas de la predilección por un objeto en particular?

A diferencia de las razones de otras etapas de la vida, para las persona mayores las cualidades intrínsecas de los objetos no son relevantes y cobran peso los objetos que implican recuerdos de familia (una figura decorativa), de una persona concreta (un reloj o una joya)  o recuerdos interpersonales. Además ellos no conciben perder el contacto y estar aislados definitivamente de los objetos que sienten como preferidos. La carga afectiva del objeto favorito es un sentimiento muy arraigado que se hace más importante con la edad.

Se añoran los objetos que en su día estuvieron plenos de sentido para la persona, y por eso le eran favoritos, y no aquellos otros que carecen de significado personal

En un experimento realizado con personas de diversas edades se pidió que dijeran qué objetos preferían para tranquilizarse cuando se sentían tristes o alterados, o cuáles elegían para que les acompañasen cuando se encontraban solos. Las persona mayores manifestaron en mayoría no tener objetos de estas características. Ante la inquietud, la tristeza o la soledad son las personas y no los objetos los que más les pueden apoyar. No obstante, si que algunos de ellos dijeron que la radio y la televisión sirven para «acompañar». A distancia también nombraron los libros, las fotografías, objetos religiosos y la música. Todos estos objetos son cosas con las que pueden abstraerse, relajarse, incluso «dialogar» con ellos para serenarse.

Los objetos facilitan en las personas mayores la memoria de quienes han sido

Resumiendo, podemos decir que los objetos forman parte de nosotros mismos, nos definen y refuerzan nuestra identidad, nos unen con el pasado y con nuestra historia y, más importante aún, nos permiten mantener relaciones con personas  que ya no están o que se encuentran alejadas de nosotros.

Sigue siendo cierto que el verdadero valor está en las personas pero no es menor cierto, que debemos ser respetuosos con los objetos (y con el entorno) de las personas llegada cierta edad ya que podemos estar poniendo en riesgo su identidad, su proyecto vital y su salud emocional y física.

El proceso de revisión de nuestras experiencias, propio de la última etapa de la vida, es fundamental para dar sentido completo a la persona. Los objetos dibujan patrones del curso vital y de su continuidad, de forma que para el individuo funcionan como recordatorios de la historia personal de su vida.

En Beprevent, queremos reivindicar el valor de los objetos personales y significativos y, a través de la tecnología, dotarlos de más valor aún. Para reforzar este vínculo y, al mismo, tiempo, convertirlos en aliados nuestros que nos ayuden a estar pendientes de nuestros mayores.

 

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